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21.02.2017 03:37 | Nutrición | pH

El equilibrio ácido-alcalino

El equilibrio ideal nunca puede obtenerse de manera permanente, y son más bien los intentos constantes para aproximarse a ese equilibrio los que definen a un organismo con buena salud. Podríamos resumir esto diciendo que en el desequilibrio es donde encontramos el equilibrio.

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\"CARLOSCuando observamos la vida nos percatamos de la lucha perpetua entre fuerzas opuestas (pero que a la vez son complementarias). La investigación del equilibrio entre esas dos fuerzas constituye la base misma de la vida.

El equilibrio ideal nunca puede obtenerse de manera permanente, y son más bien los intentos constantes para aproximarse a ese equilibrio los que definen a un organismo con buena salud. Podríamos resumir esto diciendo que en el desequilibrio es donde encontramos el equilibrio.

Para vivir, nuestro organismo tiene una necesidad diaria de proteínas, lípidos, vitaminas, glúcidos, oligoelementos y minerales.

Todos estos constituyentes pertenecen a la familia de los ácidos o bien a la de las bases (o alcalinos). Si nuestra alimentación y nuestra higiene fuesen las correctas, estas dos familias deberían neutralizarse de forma natural en el organismo.

Se habla del equilibrio ácido-alcalino cuando el pH no es ni demasiado ácido ni demasiado alcalino.

Según la definición científica, el pH es el índice de la concentración de iones de hidrógeno contenidos en una solución o líquido. Por encima de pH 7 la solución es alcalina; por debajo, ácida.

Cuando se habla de salud y de bienestar se apercibe que es un estado de equilibrio más o menos estable, difícil a veces de mantener y que precisa de reajustes permanentes.

Cualquier variación de este equilibrio nos aleja de la salud y desencadena síntomas y alteraciones de diversa gravedad.

La homeóstasis de nuestro organismo depende en gran parte de este equilibrio ácido-alcalino.

La homeóstasis es la capacidad de conservar el equilibrio de funcionamiento a pesar de los condicionantes externos.

¿Cómo mantiene el organismo el equilibrio acido-alcalino?

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En su búsqueda del equilibrio permanente, el organismo dispone de medios para luchar contra la acidez. Esos medios se denominan tampones o buffers, y existen seis, que permiten una regulación sanguínea:

- Hemoglobinatos / hemoglobina.

- Bicarbonatos / ácido carbónico.

- Oxihemoglobinatos / oxihemoglobina.

- Fosfatos dibásicos / monofásicos.

- Proteinatos / proteínas.

- Ácidos orgánicos débiles disociados.

Estos competentes y eficaces sistemas permiten, en el organismo de una persona sana, la regulación correcta de los excesos de acidez presentes.

Estos fenómenos de tamponamiento o buffers se efectúan gracias a la intermediación de un acido débil disociado disponible para fijar un ion H+.

Cuando los tejidos se acidifican, se produce una sustracción de bases minerales en los tejidos orgánicos y en el esqueleto: el cuerpo se ve obligado ceder sus bases minerales.

Los minerales alcalinos son el calcio, el sodio, el potasio, el magnesio, el cobre, el hierro y el manganeso.

Podemos pues afirmar que una persona que tiene tendencia a la acidez es una persona desmineralizada.

Las consecuencias de la acidez tisular

- Acidez tisular y acidez sanguínea.

- Cuando se habla del equilibrio acido-alcalino, existe una confusión entre la acidosis tisular y la acidosis sanguínea.

- Hay muy poca acidosis sanguínea. A veces se la encuentra en algunas enfermedades como la cirrosis del hígado, ciertas tuberculosis pulmonares o algumas enfermedades renales.

- Por contra, las alcalosis sanguíneas son mucho más frecuentes y todas las llamadas enfermedades de la civilización se encuentran en esta categoría.

Una sangre alcalina corresponde a tejidos en acidez.

Como podemos constatarlo, la concentración anómala de compuestos ácidos presentes en nuestros tejidos conduce inevitablemente a los desequilibrios.

Un cierto número de síntomas van apareciendo poco a poco, se instalan de manera progresiva y se funden en la vida cotidiana.

Esa lista de los principales síntomas, incluye, entre otros:

- Migrañas frecuentes.

- Depresión periódica.

- Cambios de humor.

- Estreñimiento.

- Fatiga matinal.

- Mal aliento.

- Algunas enfermedades ORL (bronquitis, resfriados).

- Transpiración abundante (pies) pero también sudores fríos y manos frías.

- Sueño perturbado (despertares nocturnos).

- Problemas de piel grasa.

- Eczema.

- Perturbación del apetito.

- Muchos dolores musculares (hombros).

- Reumatismos.

- Artrosis.

- Ciática.

- Caries dentales.

- Diabetes.

- Problemas de tiroides (enfermedad de Basedow).

- Manchas blancas, despigmentación.

- Algunas enfermedades cancerosas.

La regulación de la acidez

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Ante todo, la alimentación juega un papel de importancia capital en la regulación del equilibrio ácido-alcalino.

Por lo tanto, tras un aporte excesivo de productos ácidos conviene compensar con un aporte de productos alcalinos (bases).

Los productos alcalinos son esencialmente los que están presentes en verduras y legumbres verdes. Contienen muchas sales minerales y oligoelementos.

Su consumo debe ser preferente en caso de tendencia a la acidificación tisular. Hay que consumir lo máximo posible legumbres y verduras frescas y de temporada.

Lo mismo es aplicable a las frutas frescas; todas pueden consumirse (salvo en los casos de candidiasis, situación en la cual hay que eliminar los azúcares).

Cuanto más azucarada sea la fruta, mas tendencia tendrá al desarrollo de la acidez tras su asimilación. Los pomelos y los limones son particularmente alcalinos (a pesar de tener un gusto ácido).

Es aconsejable comer fruta a distancia de las comidas.

Los frutos secos pueden consumirse igualmente, pero en pequeña cantidad ya que poseen relativamente azúcares.

En lo referente a la ingesta de cereales, el arroz y el trigo producen ácidos pero su asimilación es más fácil ya que se trata de cereales vegetales. No obstante hay que consumirlos con moderación.

Algunos cereales son menos ácidos que otros, como la quina, el mijo y el trigo sarraceno.

También pueden consumirse igualmente los granos germinados, ricos en vitaminas, proteínas y minerales y las leguminosas (las lentejas son excelentes).

Los productos oleaginosos son igualmente alcalinos, tales como la soja y las grasas vegetales (aceites de primera prensada en frio, preferentemente ecológicos, evitando calentarlos).


Dr. Carlos Carrer
Especialista en Medicina Estética y Anti-Aging


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